"C" Blog, un lugar para encontrarnos

Obrigado Brasil

by Ivan 31. marzo 2015 10:46

24 de enero, Rio de Janeiro

Recuperados tras una reparadora noche, nos preparamos para hacer frente al segundo día en Rio de Janeiro y disfrutar de dos lugares míticos: el Cristo Redentor y la playa de Copacabana.

Convertido en un símbolo internacional de Rio, el Monte Corcovado es una montaña de 704 metros de altura situada en el Parque Nacional de Tijuca. En la parte más alta se encuentra la estatua del Cristo Redentor, una de las siete maravillas del mundo. Hablamos de una estatua de 38 metros de altura, un peso de 1.145 toneladas y que domina la ciudad en un entorno ideal.

En compañía de Daniel, el mismo guía que vino el día anterior, fuimos a la estación de tren de Cosme Velho para coger el transporte hasta el pico. La vía tiene una longitud de 3.824 metros de largo y es considerado como uno de los trayectos más cortos del mundo. Por suerte el recorrido se hace bastante rápido y en 20 minutos estábamos en la parte más alta del monte.

Las vistas son impresionantes y la estatua irradia espiritualidad incluso para los no creyentes. Desde su exclusiva ubicación se podía disfrutar de la ciudad, las montañas y bahías. Puedo decir que las vistas son igual de hermosas que desde la Montaña Pan de Azúcar que habíamos visitado (excepto Stelio) el día anterior. La única pega fue el tiempo, ya que las nubes y una altísima humedad impidieron hacer buenas fotos. Tras un rato disfrutando del lugar, teníamos que volver a la estación en la parte baja del monte para continuar la visita.

La segunda parte de la excursión tenía lugar ¡en Copacabana! Se trata de una playa de cinco kilómetros situada en el suroeste de la ciudad y que ha dado muchísima fama en el mundo entero al distrito del mismo nombre. Junto a ella, encontramos la Avenida Atlántica, un lugar situado bajo la sombra de varios rascacielos construidos junto a la costa. A día de hoy Copacabana ha sido superada por la atractiva y exclusiva playa de Ipanema, pero continúa siendo muy popular entre los locales, que acuden en masa a darse un baño o tomar el sol en las olas del Océano Atlántico. Además, muchísimos vendedores ambulantes con todo tipo de recuerdos estaban por la zona, lo que me dio la posibilidad de comprar un hermoso pareo con los colores de Brasil. Además hice una pequeña donación a los escultores de arena, que nos ofrecían auténticas obras de arte.

Tras este paseo por la playa y sus alrededores, nos adentramos en las calles de la ciudad para disfrutar del frenético ritmo de sus gentes y realizar una breve parada para tomar un aperitivo en un pequeño café. 

Tras disfrutar del tiempo libre tocaba volver al barco. Todos llegamos a la hora al punto de encuentro y durante el viaje de vuelta, nuestro guía aprovechó para darnos detalles históricos, geográficos, políticos y sociales sobre la ciudad. Estábamos escuchando tan ensimismados que no nos dimos cuenta de que ya habíamos llegado al puerto después de un fantástico día por Rio. La única pega que puedo poner es el increíble y bochornoso calor que hacía, pero contra eso no podíamos hacer otra cosa que hidratarnos continuamente y armarnos de paciencia J 

La salida del puerto fue impresionante, ya que pudimos disfrutar de unas inolvidables vistas de la bahía desde nuestro propio balcón. Una pena que todos los rascacielos del centro de la ciudad estuviesen apagados ya que al ser sábado, las luces se apagan para ahorrar electricidad.

¡Hasta pronto Brasil! “O país para todos”, un lugar donde se mezclan y fusionan diferentes culturas y gentes que destacan por su amabilidad y que siempre tienen una sonrisa que ofrecerte a pesar de la difícil situación en la que se encuentra una gran parte de la población.

Para terminar el día,  después de la cena pudimos disfrutar del espectáculo “Brasil, ritmo y color” en el Gran Bar Mirabilis, junto a la famosa cantante Ivette Matos y la compañía de baile Dança Brasil. No hace falta decir que Stelio no dejó pasar la oportunidad de bailar samba con las bailarinas profesionales, llegando a recibir varios cumplidos por su actuación.

Nos despedimos de todos vosotros esperando que nuestros posts os hayan transmitido todas las sensaciones que hemos vivido en este primer tramo de la Vuelta al Mundo de Costa Cruceros, una viaje inolvidable que no podemos dejar de recomendar. Una experiencia irrepetible.

¡Obrigado Brasil, até breve!

¡Llegamos a Rio de Janeiro!

by Ivan 26. marzo 2015 11:28

23 de enero, Rio de Janeiro

Nuestros amigos Stelio y Cristina llegan por fin a Rio de Janeiro, una de las ciudades más famosas del mundo entero y de la que podrán disfrutar durante los dos días que dura la escala del barco.

A medio día el Costa Deliziosa hizo su entrada en la bahía de Guanabara, desde la que pudimos ver inmediatamente los tres símbolos de Rio de Janeiro: la Montaña Pan de Azúcar, la playa de Copacabana y la estatua del Cristo Redentor. La llegada al puerto duró una hora más, así que aproveché el momento para hacer fotos desde la cubierta 11. Sólo tuve un pequeño percance y es que no me di cuenta y acabé con toda la espalda quemada. ¡Se me había olvidado ponerme la crema solar!

 

Tuvimos el tiempo justo para comer algo y prepararnos para ir a la excursión de Costa a la Montaña de Pan de Azúcar, uno de los numerosos morros (montaña en portugués) que rodean la urbe. Tiene 395 metros de alto y domina la Bahía Guanabara.

La ciudad se está preparando para los Juegos Olímpicos, que como muchos sabréis tendrán lugar en 2016. Se nota, porque muchas zonas están llenas de gente trabajando con el objetivo de llegar al próximo año con todo terminado y dispuesto a ofrecer lo mejor de este apasionante país. 

Una de las cosas que más nos llamó la atención es que el tráfico no era tan caótico como nos esperábamos en una ciudad de más de 10.000.000 de habitantes y con una orografía tan compleja, llena de grandes avenidas, múltiples montañas, cientos de túneles, increíbles playas y muchas bahías.

La excursión comenzaba con una visita al centro, una jungla de rascacielos en la que de vez en cuando se podían percibir pequeños rastros del pasado colonial. Es una zona que está principalmente llena de edificios donde se concentran comercios y negocios llenos durante las horas de trabajo. Cuando los carioca (tal y como se conoce a los habitantes de Rio) terminan de trabajar, dejan el centro y vuelven a sus casas en los barrios residenciales de la periferia o las famosas favelas. Es muy curioso los cambios que se producen cuando pasas de una gran avenida a calles estrechas o de centros comerciales enormes a pequeños mercadillos donde compra la gente con menos dinero. Es una ciudad llena de contrastes que no dejan a nadie indiferente.

Nuestro autobús nos mostró lugares increíbles como el Parque Flamengo, una zona verde de 120 hectáreas, un parque público con pistas de deporte, parques infantiles, zonas de skate y paseos para hacer footing. También pasamos por la Praia de Botafogo, que acoge a muchos de los mejores clubs de vela del país.

Finalmente llegamos a Praia Vermelha, en el distrito de Urca. Ahí estaba el teleférico Pão de Açúcar, que nos llevó hasta Morro de Urca a una altura de 220 metros, donde después teníamos que coger otra cabina que nos llevaba al pico. Eran las 3:30 de la tarde y según nuestro guía, debíamos volver en unas pocas horas al barco, por lo que optamos por ponernos rápidamente a la cola para poder visitar la parte más alta de este famoso lugar. La cola avanzaba muy lentamente, pero poco a poco nos íbamos acercando al teleférico. Aun así, la limitada paciencia de Stelio y su dolorida espalda, optaron por esperarnos al resto sentado en un banco, mientras subíamos hasta arriba del todo. Por fin llegamos y que queréis que os diga ¡la espera mereció la pena! Las vistas de la ciudad y la bahía eran espectaculares y sólo por haber podido disfrutarlas había merecido la pena hacer cola.

 

Tras bajar y recoger a Stelio (que se moría de la envidia viendo las fotos que habíamos hecho) tocaba volver al barco. Era tarde y estábamos algo cansados, por lo que tras cenar optamos por volver al camarote y disfrutar desde nuestra terraza de unas increíbles vistas que nunca olvidaremos: la estatua del Cristo Redentor iluminada y rodeada de nubes.

La Vuelta al mundo llega a Salvador da Bahía

by Ivan 13. marzo 2015 10:20

21 de enero, Salvador de Bahía

Salvador de Bahía recibió a nuestros pasajeros con su clásico skyline lleno de rascacielos. El barco hace escala en Salvador de Bahía, capital del estado de Bahía, una región el doble de grande que Italia en la que viven 14 millones de personas. Es considerada como una de las más fascinantes e increíbles ciudades de Brasil, algo que nuestros amigos Stelio y Cristina pudieron confirmar en la excursión de hoy con Costa.

Subimos a bordo de unos autobuses comodísimos (había incluso unos pequeños asientos plegables para poner en alto nuestros pies) y junto a Verena, nuestra guía local, nos dirigimos a la parte más alta de la ciudad para empezar nuestro tour. Llegamos a la Praça Municipal, donde estaba el Palacio de la Asamblea, la Prefectura Municipal y el Elevador Lacerda, un ascensor público que une la parte baja de la ciudad con la más alta. Desde su mirador pudimos disfrutar de unas increíbles vistas y hasta pudimos ver el puerto donde se encontraba nuestro barco.

Desde este punto fuimos a pie atravesando el centro histórico, un paseo bastante exigente debido a la inclinación de las calles y los adoquines utilizados, lo que lo convertía en un terreno no muy práctico para las piernas de Stelio. Aun así pudimos ver los recientemente restaurados y coloridos edificios, que seguían el estilo típico de Portugal. Pudimos admirar las hermosas iglesias de San Francisco y San Antonio, dos impresionantes construcciones que destacaban por la cantidad de elementos históricos que acogían, lo que las convertía en auténticos museos de arte. Además, nuestra guía era maravillosa y todo el grupo estaba bajo un silencio sepulcral mientras explicaba cualquier cosa.

Continuamos a pie hasta Pelourinho, el centro histórico más famoso de Brasil, declarado en 1985 Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Una cuesta abajo nos llevó a la Catedral, donde los edificios han sido restaurados a su estilo original, con una paleta de colores que convierte a esta zona en algo único y digno de ver. Había muchísimos turistas en las calles y numerosísimas tiendas que vendían artesanía y recuerdos. Pequeños grupos de percusionistas tocaban en las calles y muchísimas mujeres de Bahía iban vestidas con el traje tradicional de la zona. Un ambiente difícil de olvidar en el que los sonidos alegres, los colores que llenaban todos los rincones y un espíritu envidiable, proporcionaban al lugar una atmósfera única.

Tras una pequeña parada en un café para recuperar las fuerzas y sobrellevar un poco mejor el calor que hacía, volvimos a la carga junto a nuestra guía. Tocaba conocer la zona residencial con sus villas coloniales, sus impresionantes rascacielos y la zona costera con su espléndido faro. Finalmente nos dirigimos al barrio de Barra, donde hicimos nuestra última parada en el Mercado Modelo, un lugar lleno de productos típicos de la zona, con muchísima gente e incluso con personas haciendo demostraciones de capoeira, un arte marcial típico de Bahía. Tengo que admitir que llegados a este punto nos volvimos locos porque empezamos a comprar camisetas, imanes y pins como si fuese nuestro último día de vacaciones. El grupo se desperdigo por todo el mercado y tardamos un rato en encontrarnos todos para poner rumbo a nuestro barco. Estábamos derretidos por el calor y la humedad y la inmejorable temperatura de nuestro Costa Deliziosa nos estaba esperando. Nuestra sorpresa se produjo al llegar al puerto, cuando pudimos ver que el Costa Favolosa, también había llegado a la ciudad.

Esa noche en el barco pudimos disfrutar de una nueva sesión del “C Talent Show”, en el que seis pasajeros nos ofrecieron actuaciones musicales, bailes y canciones que nos hicieron pasar un buen rato. Aun así yo estaba algo nerviosa porque en la próxima función de este espectáculo ¡me tocaba participar a mi!

22 de enero, navegación

Después de tres escalas seguidas en Brasil, necesitábamos descansar antes de llegar a Rio de Janeiro, así que optamos por participar en las actividades habituales (footing, volleyball y natación) y las lecciones de baile que el equipo de animación ofrecía. Esa noche había fiesta de disfraces así que tocaba repasar el forró y aprender los primeros pasos de samba de unos expertos bailarines que subieron a bordo para la fiesta.

Por la noche tuvo lugar la versión mini del Carnaval de Rio. Gracias al increíble trabajo de Carola y sus mágicas manos, muchísimos huéspedes pudieron disfrutar de trajes hechos especialmente para ellos a bordo del barco. Todo el equipo de animación, liderado por Vania, se volvió loco en el desfile de flotadores y los trajes de carnaval. Hasta habían vestido a pasajeros que no solían participar en este tipo de actividades ¡Una gran fiesta!

Llegada a Brasil

by Ivan 6. marzo 2015 14:43

19 de enero, Brasil, Recife

Cristina y Stelio realizan su primer viaje a Brasil ¡una auténtica sorpresa!

Por fin hemos llegado a Brasil, un auténtico paraíso tropical. Hoy, por primera vez en nuestras vidas hemos llegado a un país que es sinónimo de playa, samba y diversión.

Mientras la primera luz del día iluminaba el horizonte lleno de rascacielos con vistas a la playa, el barco entró en el gran puerto de Recife, capital del estado de Pernambuco. La ciudad cuenta con tres millones de habitantes y está situada junto al río Capibaribe, que desemboca en el Océano Atlántico. Estamos por debajo del ecuador por lo que aquí nos encontramos en verano y el pronóstico del tiempo nos indicaba que haría calor y humedad. Tuvimos que equiparnos bien con crema solar, un buen gorro y muchísima agua para nuestra excursión a la Isla de Itamaracà. El grupo era pequeño, sólo 16 personas subimos al transporte que nos llevó a nuestro destino junto a Francisco, nuestro simpatiquísimo guía local. En esta ocasión también nos acompañó Christian, uno de los encargados de la Oficina de Excursiones del barco.

Tras una hora de viaje llegamos a nuestra primera parada, el Centro de Protección del Manatí, un lugar encargado de estudiar y conservar esta maravillosa especie en peligro de extinción. A Stelio le apasionan los animales y estaba muy interesado en disfrutar de esta experiencia, pudiendo conocer las múltiples peculiaridades de esta especie, viéndolos en vivo a través de tanques transparentes.

Después continuamos hacia la playa de Itamaracà, donde un catamarán nos estaba esperando para llevarnos a la isla de Coroa do Aviao atravesando un impresionante manglar. Mientras nos íbamos acercando, podíamos recrearnos con unas inolvidables vistas del agua cristalina y el fondo del mar.

Cuando por fin llegamos pudimos disfrutar de un entorno único con arena blanca, palmeras, lugareños pescando almejas y cangrejos y unas estupendas cabañas donde pudimos disfrutar de una estupenda comida. Comimos tanto que yo decidí dar un paseo por la isla para ayudar a hacer la digestión, mientras Stelio optó por tumbarse en una hamaca que el dueño de un restaurante le ofreció amablemente para descansar ¡Esto es vida!

Estuvimos en la isla durante tres horas hasta que finalmente tuvimos que volver al barco. Teníamos que prepararnos porque después de la cena tocaba celebrar nuestra llegada a Brasil, con una fiesta en la piscina en la que pudimos tomar algo mientras bailábamos Samba y Forró. Llegó la hora de poner en práctica lo aprendido durante las clases los días anteriores ;)

20 de enero, Brasil, Maceió

Un relajante día para Stelio y Cristina en la playa y un paseo por los mercados callejeros de artesanía. Esta es también una forma de disfrutar la Vuelta al Mundo.

Hoy era la segunda etapa de nuestro tour por Brasil con parada en la ciudad de Maceió, capital del estado de Alagoas. Una parada de seis horas con un único objetivo: disfrutar de un relajante día en la playa.

Tras salir del puerto en autobús, cogimos un taxi a la playa más cercana, conocida como “Praia de Avenida” con nuestros amigos Giorgia y Franco. En el trayecto estuvimos hablando de que en estos dos días en tierras brasileñas, nos hemos dado cuenta que sus habitantes son amabilísimos y muy simpáticos. Transmiten una sensación de felicidad desbordante y siempre tienen una sonrisa para regalarte. Cuando llegamos todo estaba preparado. Arena blanca, agua cristalina y calor, los ingredientes perfectos para un estupendo día de playa.

Tras un buen rato disfrutando de este paraíso, decidimos dar una vuelta por el Pavillhao de Artesanato, un mercado de artesanía donde pudimos comprar algunos souvenirs antes de volver al barco.


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